18ème arrondissement

En este nuevo post, descubriremos la encantadora Montmartre de Amélie, el café Les Deux Moulins, el Sacre Coeur y la impresionante vista panorámica de París desde la butte de Montmartre. También pasaremos a visitar al célebre Moulin Rouge y caminaremos por Pigalle y sus sex shops. En este distrito también encontramos el bar que (para mí) es uno de los más bonitos de París (y eso que hay muuuuuchos bares en París) y por último iremos a comer sopa bajo el puente en  Barbés Rochechouart. ¿Te animás?

Empecemos por Montmartre, cerca de la estación Jules Joffrin, frente a la Mairie de 18ème (la municipalidad). Ahí cerquita, por la rue Ramey se encuentra el hostel Montclair, mi hostel de cabecera, en donde me quedé por primera vez en París y a donde voy cada vez que necesito hospedaje urgente.

Habitaciones compartidas muy coloridas:

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Vistas de día y de noche desde su sexto piso, un frío diciembre de 2015:

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Un desayuno completo:

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La verdad que no tengo más que buenos recuerdos de este hostel 🙂

Está ubicado estrategicamente al inicio de la colina que llega al Sagrado Corazón (Sacre Coeur) desde donde la vista de París te deja sin aliento.

Algunas vistas de los alrededores del hostel:

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Una callecita entre callecitas…

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Señoriales departamentos…

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Barcitos…

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En este pub/bar, Le Dauphin, trabajé por 2 horas…hasta que me despidieron ¡Todo un récord! Me llamaron un día que necesitaban camareros con urgencia para un evento con cous-cous gratuito para el que esperaban que vaya mucha gente. Yo estaba muy lejos cuando recibí la llamada, estaba cerca de Bastille, en el 12ème. Hice todo lo posible para llegar a tiempo pero atravesar la ciudad fue una odisea. Llegué con media hora de atraso.

“Dejá tus cosas ahí y empezá” me dijo el dueño treintañero con poca paciencia en un francés que comprendí solo gracias al contexto y a los ademanes. Claro, como en mi CV decía que tenía experiencia en restaurantes, él creía que no me tenía que explicar nada. Así fue como los vasos de cerveza tirada era solo de espuma y el cous-cous fue a parar a cualquier mesa.

A las 2 horas me pagó €20 y me pidió que me fuera porque entorpecía el servicio. Yo atesoro esta anécdota en el cajón de mis aventuras preferidas. 🙂

 

Llegando a la parte alta de Montmartre, las calles son empedradas y de cuento de hada. El edificio rosa que se ve a la derecha de la siguiente foto es el Lapin Agile, el cabaré más antiguo de París. Algunos de sus habitués era los pintores Pablo Picasso y Maurice Utrillo, del que hablaré más adelante.

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Escaleras y más escaleras, Montmartre no es un barrio para perezosos. Existe un colectivo especial para recorrerla, el Montmatrobus. Es un colectivo normal por lo que el ticket cuesta lo mismo que todos los otros (€2) y sus terminales son frente la estación Jules Joffrin al frente de la Mairie y llega a Pigalle, frente al Moulin Rouge -casi el mismo recorrido que estoy haciendo en este posteo.

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Pero una vez subidas las escaleras, se llega a una dimensión de ensueño.

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La Place du Tertre, donde hay una selección de talentosos artistas Parisinos -que van a intentar venderte una caricatura o retrato tuyo a toda costa.

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La Maison Rose es una tradicional casona, que fue pintada por el pintor Maurice Utrillo y ahora alberga una cafetería.

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La obra de Utrillo:

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El Passe-muraille, es una insólita escultura de un hombre atravesando una pared. Fue creada por el artista Jean Marais y representa al protagonista de la obra homónima de Marcel Aymé en la que un Dutilleul, un modesto empleado, descubre que tiene el poder de atravesar muros y lo usa para vengarse de las humillaciones que soportó por parte de sus compañeros en la oficina y luego lo comienza a usar para cometer robos y así enriquecerse…

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El Café des Deux Moulins de Amélie Poulain. 🙂 En el baño del bar hay algunos objetos de la película como las fotos que se sacaba el enano de jardín alrededor del mundo y la lámpara de chancho en bata de Amélie.

¿Saben por qué se llama café de los dos molinos? Su nombre se refiere al Moulin Rouge y al Moulin de la Galette, ambos próximos.

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El combo Amélie incluye un café + un créme brûlée al módico precio de €9 (?) que en su momento lo pagué pero hoy recomiendo tomar el café en la barra (café au comptoir) donde sale nada más que €1. Esta opción existe en casi todos los bares de París y es un gran ahorro si se los compara con los casi €4 del café en mesa. Y créme brûlées hay en el supermercado, ricas también.

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Un poco de arte callejero:

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“El romanticismo es una cosa de verdaderos hombres”

 

Espiando los reflejos en las ventanas de una casa en Montmartre…

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Al llegar a la cima vemos la gran basílica de Sacre Coeur (Sagrado Corazón) una de las iglesias más visitadas de París junto con Notre Dame.

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Montmartre lleva su nombre gracias a Saint Denis, un hombre que fue martirizado y decapitado y, según cuenta la leyenda, tras ser decapitado tomó su cabeza entre sus manos y caminó varios kilómetros, atravesando lo que es ahora Montmartre (mont= monte y martre=mártir) hasta que por fin se desplomó al cruzarse con una mujer que le prometió una sepultura decente. En ese punto se erigió la basílica de Saint Denis y es la que dio nombre a esa ciudad, justo al lado de Montmartre, en el conurbano parisino.

Si están atentos, podrán ver varias estatuas de Saint Denis en París. Es fácil reconocerlo, es el hombre que tiene la cabeza en las manos.

 

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Así se ve la iglesia por dentro, imponente:

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Y esta es la vista panorámica de París desde el mirador de Sacre Coeur. Wow! Desde ahí hay un funicular que baja hasta la zona de Pigalle. Para tomar el funicular basta con acercar la tarjeta de metro Navigo o con cualquier ticket de metro.

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Si vieron la película Amélie, seguro recuerdan estas escalinatas de la escena en que Amélie le tiende una serie de pistas y trampas a su enamorado misterios para devolverle su álbum fotográfico conservando el anonimato. Les dejo el video de la escena:

 

Unos amantes de piedra que se esconden entre el verde del parque…

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Bajando hacia el otro lado de la colina nos encontramos con Pigalle, que se extiende a lo largo del Boulevard de Clichy. Pigalle es la zona roja, y por eso encontramos allí una gran cantidad de sex shops:

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También encontramos ahí al célebre Moulin Rouge y otros cabarés…

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Está también el Museo del Erotismo. Su vitrina expone los más curiosos objetos:

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Un día, caminando por Pigalle, entré a una callecita sin salida y me encontré con esto. “Teatro abierto” decía, así que subí a investigar.

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¡Oh là là là là là lo que me encontré ahí! Una terraza mágica detrás del molino del Moulin Rouge ¡Qué hermoso! ❤

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Se trata del Bar à Bulles (bar de burbujas) y ocupa un puesto en mi top 5 de mejores bares de París.

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En su interior hay una cabina fotográfica gratuita, uno de los atractivos principales del lugar.

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My French guy ❤
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“¡Hola! Soy un arce japonés y la contraseña de wifi (arcejaponés)”

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Por último, quiero compartir con ustedes una pequeña historia que tuvo lugar en la zona de Barbès – Rochechouart, también parte del distrito 18.

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Esta zona es algo… turbia, por decirlo de alguna manera. A los pocos días de llegar a París ya me había aventurado a entrar entre unas callecitas de noche para comprar un chip de celular Lycamobile. En un francés novato le pedí a un hombre nervioso, de origen árabe, que me vendiera un chip y salí triunfante como quien gana una batalla lingüística.

Pero esa no es la historia de la que hablaba hace un rato. La verdadera aventura ocurrió una noche, helada, en la que caminaba con mi amigo Pascal por la zona. “Es un poco peligroso este barrio, no vengas sola” me dijo. Yo pensé por un segundo en el día del chip y dije “no, no, ¡cómo voy a venir sola!”.

Vimos que había mucha gente bajo las vías del metro, instalados como si estuvieran viviendo ahí. Esa zona tiene muchos negocios árabes y de cultura musulmana por ende, y también a juzgar por sus vestimentas, todas aquellas personas, en su mayoría hombres, también parecían ser de esa religión.

“¡Están dando sopa gratis!” exclama Pascal, siempre contento de ver comida. “Sí” digo yo”pero es para los homeless.” Y tras pensarlo un instante, me di cuenta que yo era prácticamente homeless en ese momento, no tenía casa propia y mis fondos eran escasísimos. Así que, de un momento al otro, me sentí merecedora de la calentita sopa que entregaban bajo las vías de Barbès – Rochechouart aquella noche helada.

Me resultó muy curioso como al ponerme en la fila, vinieron de inmediato a proponerme ir adelante de todos, a la cabecera de la cola. Era la única mujer de la fila.

Me dieron un gran bowl de sopa, una baguette y un yogurt.

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Este es el fin del recorrido por hoy. Espero haber reflejado la naturaleza de este barrio, que a parte de tener los encantadores farolitos con la escalerita, todo muy Rococó, y un lindo bistró parisino de mesitas coloridas de fondo, tiene mucho misterio, historia y arte.

¡Saludos y hasta el distrito 17! 😉

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